Vivir solo…

Vivir solo…

Antonio Abellán García, Alba Ayala García, Isabel Fernández Morales. Departamento de Población, CSIC. Rogelio Pujol Rodríguez. INE.
…Sentirse solo (artículo 11-5-2018)
La soledad, como forma de convivencia, es una cuestión que afecta directamente a las personas mayores. En España existen 4,7 millones de hogares unipersonales de todas las edades; los habitados por personas mayores (65+)  son dos millones  (0,6 millones por hombres, y 1,4 millones por mujeres), es decir, el 42% de todos los hogares solitarios de España (Encuesta Continua de Hogares 2017, INE, publicada el 12-4-2018).
La propensión a vivir en soledad aumenta con la edad (figura 1). La soledad es sobre todo masculina en las edades adultas y femenina en la vejez, etapa en la que la brecha entre sexos se agranda. En los últimos lustros ha aumentado la cifra de personas mayores que viven solas y se espera que continúe ligeramente la tendencia en los próximos años.

El estudio de las formas de convivencia en la vejez muestra que envejecer al lado de la pareja o en compañía de otras personas es más frecuente en hombres que en mujeres (Figura 2a y 2b). La inmensa mayoría de los hombres viven en pareja (entendida aquí como pareja sola o pareja con hijos u otras personas) o en otras formas de convivencia (con hijos, o con otros parientes u otras personas); sólo un 14,7% viven solos. En cambio, menos de la mitad de las mujeres vive con su pareja y el 29,3% viven solas. En conjunto, el 22,9% de las personas mayores viven solas.


Vivir en soledad parece estar asociado con el estado civil. Según evolucione éste, así podría evolucionar la soledad. La mayor mortalidad masculina es la razón de la mayor viudez histórica entre las mujeres y explica su mayor proporción de soledad o de convivencia en otras formas de hogar, sola con hijos, si los hay, o con otros parientes o personas. El 76,9% de las mujeres que viven en soledad  son viudas; el 43,2% de los hombres que viven solos son viudos (Figura 3). El haber vivido en pareja sola, no haber tenido hijos, o que se hayan emancipado todos o no vivir con otros familiares, explica la soledad tras el fallecimiento de la pareja. La presencia de tan alta viudez entre los solitarios puede estar indicando que esa situación de convivencia no es elegida, sino consecuencia de la desaparición  del hogar conyugal (por muerte de uno de sus miembros).

El descenso de la mortalidad en estas edades, el aumento de separaciones y divorcios y la llegada de nuevas generaciones a la vejez con historia de soledad previa, motivarán un previsible cambio de este panorama. El descenso de mortalidad masculina (que será mayor que la femenina) evitará mayor viudez entre las mujeres y menor soledad por una parte, pero aumentará el riesgo de que ellos mismos puedan perder a su cónyuge y aumente su soledad, por otra parte. El aumento de separaciones y divorcios en hombres y mujeres puede aumentar el número de hogares solitarios en la vejez, aunque las proporciones de separados son aún bajas. Los cambios provocados por una menor viudez femenina, compensados por un pequeño aumento de separaciones y divorcios, parecen mantener la proporción de soledad estabilizada en los últimos años en torno al 30% de todas las mujeres mayores (según la Encuesta de condiciones de vida, INE y Eurostat, datos no presentados). La soledad masculina ha subido tres puntos porcentuales en la última década, según la misma fuente; se sitúa en torno al 15% de todos los hombres mayores (2017); este crecimiento podría ser explicado por la llegada a la vejez de hombres que ya vivían solos (solteros, separados o divorciados).
Los cambios en la institucionalización podrían alterar también estas tendencias, pues muchas de las personas residentes en alojamientos colectivos, fundamentalmente mujeres viudas, proceden de hogares solitarios. La institucionalización suele ser una estrategia para evitar la soledad, sobre todo si hay algún tipo de discapacidad o limitación o las circunstancias familiares no son favorables para una reagrupación familiar. Vivir en residencias se hace más frecuente con la edad y entre las mujeres. Las personas institucionalizadas salen de observación en la Encuesta continua de hogares y se desconoce con exactitud su volumen.
Hasta ahora se aceptaba que la menor soledad de hombres y mujeres de edad en España, con respecto a sus homólogos europeos (Figura 4), podría estar indicando unas más estrechas redes familiares y diferentes tipos de hogar que facilitarían formas de convivencia que evitaban la soledad. Pero también podría responder a inadaptaciones de la vivienda para la vida en soledad, o escasez de recursos económicos o de conocimientos para acondicionarla, o una insuficiencia de servicios comunitarios que favoreciesen la autonomía del individuo en soledad.

Lo cierto es que la soledad (vivir solo) está aumentando y queda por estudiar qué parte de esa soledad es voluntaria, o es no deseada (ruptura del hogar matrimonial por muerte u otra causa), en cuyo caso podría estar influyendo no sólo en el sentimiento de soledad sino también en el estado de salud de las personas.
Las mejoras tecnológicas y ambientales (en el ámbito individual, en el de la casa, o en el entorno) pueden facilitar la vida en soledad. A pesar de la independencia que ofrece vivir solo, las personas mayores que viven solas son más vulnerables y las mujeres tienen más probabilidad de verse en esta situación.
Información adicional: …Sentirse solo

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