La sororidad como estrategia del buen envejecer: una reflexión desde la teoría feminista (2ª parte)

La sororidad como estrategia del buen envejecer: una reflexión desde la teoría feminista (2ª parte)

En primer lugar, puede entenderse la sororidad como una actitud de cuidados mutuos, en tanto en cuanto, fomenta el acompañamiento y el apoyo, incluso entre mujeres que no se conocen. Con respecto a estos cuidados psicológicos, una de las participantes del grupo de discusión reivindicaba cómo escuchar es una forma esencial de cuidados, y de fomento del bienestar subjetivo:

Yo cuando voy al centro, no es porque quiera presumir, pero mi taller es muy gratificante. Para mí es gratificante ver que las personas están contentas, que aunque no se conocen de nada, tienen la capacidad de intercambiar impresiones, ya no solo del libro que nos prestan y leemos, no; de su vida personal, y van aprendiendo unas de otras. Y han aprendido a respetar cuando una habla y el resto escucha. Y para ellas es súper importante sentirse escuchadas. (Isabel)

La segunda forma de entender la sororidad en relación con el envejecimiento es como estrategia colectiva, que facilita la gestión de la pérdida de la red de apoyos, de la salud y de las oportunidades. Esto sucede a través del diálogo, el respeto en la diferencia y la empatía. Si elaborásemos una fenomenología del envejecimiento de las mujeres mayores, sería imprescindible hacer hincapié en que su participación sociable no solo previene la soledad, sino que incentiva la creación de sentido propio, y la generación de dinámicas participativas orientadas a mejorar el bienestar subjetivo.

Ante el problema de la soledad entre las personas mayores, una mujer participante de un grupo de discusión no mixto comentaba que las mujeres que acuden a los centros de mayores sienten la necesidad de regenerar su red de apoyos para sentirse escuchadas y comprendidas:

En primer lugar, porque las mujeres –los hombres menos—, solemos ser muy fáciles para hacer terapia con nosotras mismas, lo cual nos ayuda a exponer y a sentirse comprendida, porque el envejecimiento activo tiene un inconveniente: o se nos mueren los maridos, o se nos mueren las mujeres. Resultado: que tú necesitas a alguien con quién dialogar. Fíjate tú. A parte de la salud, de todo, es sentirse partícipe de algo (…). Pero una vez dicho eso, si no, vas allí, te sientas con la compañera a tomarte el café y sientes que sigues estando en la brecha, porque es cuando te haces viejo, cuando piensas que no vales para nada, que nadie te quiere, que te han abandonado. (Margarita)

Este testimonio pone de relieve que los centros de mayores ofrecen una ventana de oportunidad al fomento de experiencias sororales, es decir, abren la posibilidad para encontrarse, reconocerse y pensarse como iguales. Esta idea es fundamental para entender la dimensión práctica de la sororidad y su relación con las mujeres mayores.

Asimismo, indagando desde un punto de vista psicológico, las experiencias de las mujeres muestran que estos grupos promueven la resiliencia y la mejora de las capacidades de superación. Boris Cyrulnik define la resiliencia como una “vuelta a la vida”, después de experimentar adversidades (Cyrulnik & Anaut, 2016). Sin entrar en el debate de si podemos hablar de resiliencia grupal, o si por el contrario, estamos ante dinámicas colectivas que fomentan la resiliencia individual, la verdad es que los grupos de apoyo de mujeres mayores facilitan esta estrategia psicológica, a través de fomentar la aceptación personal, compartir las experiencias dolorosas y mejorar el autoconcepto que ellas tienen sobre sí mismas. El siguiente testimonio puede ilustrar esta estrategia psicológica:


La mujer una vez que se jubila, o se encuentra con una edad determinada, se reafirma en su ser, se acepta, por decirlo así mismo. Acepta que los años pasan, que no puede hacer lo que hacía antes, pero tiene otra inquietud: ≪No he podido ir a un gimnasio, bueno, me voy al centro de mayores y hago nuevas amistades≫, a lo mejor por las circunstancias el marido se iba a trabajar todo el día ≪me he tenido que ocupar de todos los niños, y no he tenido tiempo para mí≫. Ahora, pues me voy a charlar con las personas que van al centro, voy a compartir un rato de mis experiencias porque necesito desahogarme. (Isabel)

En tercer lugar, además de como actitud y estrategia, podemos definir la sororidad como sentimiento de pertenencia y de seguridad frente al abandono. La sororidad permite a las mujeres mayores expresar sus experiencias, y reflexionar sobre sí mismas en igualdad de condiciones.

Una vez definida la sororidad, y respecto a cómo esta puede optimar las oportunidades de empoderamiento de las mujeres, Montserrat Sagot (1994) analiza la utilidad que puede tener aplicar los conceptos que, dentro de la sociología y la psicología social, nos ofrece el interaccionismo simbólico, para los estudios de género. Sagot, de manera visionaria, estudia cómo la estructura patriarcal determina la creación de un “otro generalizado”, que no es producto de la suma de las experiencias de las mujeres, sino que está basado en una forma de opresión de género y que, por lo tanto, es “sexista, clasista y racista”.

Los grupos sororales, al facilitar el diálogo en igualdad, los cuidados y el aprendizaje mutuo, lo que fomentan es un espacio en el que la mujer mayor puede reflexionar sobre sí misma y sobre su lugar en la sociedad. La mujer mayor reflexiona sobre un nosotras que mejora su autoconcepto, fomenta su empoderamiento y bienestar, y le hace sentirse menos aislada de la sociedad, a través de la sociabilidad, la creación de un sentimiento de pertenencia, y junto con el refuerzo de su identidad social como mujer. Este espacio de reflexión se vislumbra en el siguiente testimonio:

Bueno, dicho esto, el tema de las actividades ayuda mucho, pero como dice Margarita, a mí la charla, el grupo, la reunión de los grupos en momentos concretos me encanta, más que la clase en sí. O sea, yo voy al teatro, y cuando salimos, a mí ese cafecito, o esa charla en grupo, es que te sabe a gloria. (…) Es una maravilla escuchar a cada una. Aunque se nos parezcan las palabras, y lo que estamos diciendo, es distinto. (María Luisa)

La importancia de los grupos sororales en el buen envejecer radica, en parte, en que no podemos pensar en envejecer activamente sin tener en cuenta las relaciones que pueden emanar de ello, como es, por ejemplo, la creación de una red de apoyos que proporciona seguridad, y fomenta la participación y la interlocución. La importancia de investigar acerca de este fenómeno es hoy aún mayor, en el contexto de la pandemia de la COVID-19, que ha traído consigo un grave debilitamiento de las redes de afecto, y una puesta al límite de nuestra capacidad de gestión de la pérdida.

Por ello, y cuanto antes, debemos trabajar en la dirección de consolidar una gerontología feminista, bajo el paradigma del envejecimiento activo y generativo. Debemos trasladar a un primer plano de la investigación social a las mujeres mayores, como un grupo de población que tiene derecho a un buen envejecer, muchas veces frenado por su colaboración en el mantenimiento de nuestro sistema familiarista de bienestar. Debemos fomentar la participación de las mujeres mayores en el diseño de su propio envejecimiento, dándoles espacios discursivos, a través de los cuales poder sentirse acompañadas, escuchadas y, en la medida de lo posible, empoderadas. Y, por último, debemos reivindicar la sororidad como una práctica clave para el diseño de actividades, planes y evaluaciones, atendiendo así a una dimensión particular de las relaciones entre mujeres, que puede incidir en el bienestar subjetivo, la calidad de vida y el envejecimiento activo.

[1] Este post se ha realizado como parte de las prácticas de grado en el marco del Programa de Actividades I+D Envejecimiento Activo, Calidad de Vida y Género. Promoviendo una imagEn positiva de la vejez y el envejecimiento frente al edadismo. Programa ENCAGEn-CM (ref. H2019HUM-5698).

[2] Los grupos de discusión con personas mayores usuarios de centros de recreación fueron parte del trabajo de campo del Programa de Actividades de I+D ENCAGE-CM (ref. S2015/HUM-3367) y el Proyecto I+D ENVACES (ref. CS02015-64115-R).

Un artículo de Jacobo Lozano Jiménez. Universidad Carlos III de Madrid. Programa ENCAGEn-CM.

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