La proporción de fallecidos con virus identificado como indicio sobre la gestión de la pandemia de covid-19.

La proporción de fallecidos con virus identificado como indicio sobre la gestión de la pandemia de covid-19.

 

Antonio Abellán García. Departamento de Población, CSIC.

 

¿Fue importante para la gestión de la pandemia identificar el virus en las defunciones? Si no se pudo hacer siempre, ¿esa insuficiencia fue aleatoria?

La diferenciación entre defunciones por covid-19 identificado y no identificado en distintos ámbitos (lugar de ocurrencia, comunidad autónoma) y según características de edad y sexo, puede aportar algún indicio sobre la gestión de la pandemia de covid-19 en España en su primera ola, marzo-mayo 2020 (1).

Esta diferenciación es posible porque en el contexto de la pandemia de covid-19, la OMS incorporó en marzo de 2020 dos nuevos códigos a la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10) que han sido utilizados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) en su clasificación de defunciones según la causa de muerte: a) covid-19 virus identificado (defunciones en las que se había identificado la existencia del virus, por test y laboratorio); y b) covid-19 virus no identificado (sospechoso) (defunciones en las que no se pudo identificar el virus pero el médico sospechaba que lo podía tener, al mostrar síntomas compatibles con la enfermedad) (2).

Las tabulaciones publicadas por el INE  (10-12-2020, provisionales) recogen ambos códigos. Con éstos se ha calculado un indicador simple: la proporción de fallecidos por covid-19 con virus identificado respecto del total de fallecidos por esta enfermedad. Este ejercicio pretende señalar algunos hallazgos que pueden ser indicio de dificultades en la gestión de la primera ola de la pandemia. Los elementos de explicación de estas dificultades tienen que ver con cuestiones de organización institucional, coordinación entre organismos internacionales, protocolos de actuación, cooperación y coordinación entre administraciones públicas y entre sectores de la misma administración, especialmente entre el sistema sanitario y el social (residencias), etc. (3). Conviene recordar que hubo al principio una rápida expansión de la epidemia, falta de material y personal preparado en un evento de naturaleza explosiva; la facilidad de realizar test de forma masiva vendría después de la primera ola. La explicación razonada de las diferencias encontradas, por ejemplo, la mortalidad en residencias y hospitales o entre grupos de edad, queda a merced de los equipos que gestionaron la pandemia, conocedores de las dificultades, tras estudios de detalle.

Las diferencias por sexo y edad (Figura 1). En un 71% de los fallecidos se identificó el virus; obviamente al 29% restante se le certificó la muerte por síntomas compatibles con la enfermedad. Más hombres que mujeres fueron certificados mediante test/laboratorio. Destaca el hecho de que el indicador va disminuyendo fuertemente con la edad, es decir, a más del 80% de los fallecidos de 55-79 años se les había hecho esa prueba y no llega al 68% a los de edad avanzada (80 y más años). En estas edades avanzadas es donde la mortalidad ha sido más alta. Además de las dificultades generales citadas ¿pudo haber discriminación latente por edad y sexo? ¿o diferente afectación del virus en hombres y mujeres, aún por estudiar, que motive esa mortalidad y consecuente estrategia diferencial? ¿causas mal definidas en certificados?

 

Las disparidades entre comunidades autónomas (CCAA). Figura 2. Los resultados muestran fuertes diferencias por CCAA. Se representan sólo algunos ejemplos. Por una parte, Galicia, Baleares, País Vasco, tienen altos porcentajes de fallecidos de edad avanzada con virus identificado; por otra, en el otro extremo, encontramos a Madrid, Castilla y León y Castilla-La Mancha con bajos porcentajes y cifras muy diferentes al resto de edades; Cataluña y Comunidad Valenciana, en posiciones intermedias más cerca de estas últimas.

 

Fuertes diferencias del indicador por lugar de ocurrencia (Figuras 3 y 4) (4). Hay mayor porcentaje de fallecidos en hospitales con virus identificado, 86%; explicar el 14% no identificado podría aclarar algo de la presión sobre el sistema sanitario. Navarra, Galicia, País Vasco y otras CCAA superan el 90%; Asturias, Canarias y Extremadura, están en el otro extremo, por debajo del 80%.

En cambio, menos de la mitad de los fallecidos en residencias fue certificada con virus identificado, y el resto por síntomas. Lo sucedido en residencias es mucho más dispar entre CCAA: Madrid sólo certificó 30% de defunciones con virus identificado, mientras que Galicia alcanzó el 93%; es cierto que las cifras de fallecidos también son dispares; en la primera hubo 4.082 fallecidos y en la segunda sólo 159 (5). Entre los elementos para explicación se pueden apuntar, además de los citados más arriba, una posible falta de material sanitario y personal, dificultades por la variabilidad de tamaños de residencias (por ejemplo, en Madrid son más grandes por término medio), desbordamiento por el calendario e intensidad de la pandemia, decisión sobre derivación o no de enfermos hacia hospital, o dificultad extra de la gestión de la pandemia en residencias (6). El incremento en mayo del indicador puede tener relación con el fuerte descenso de defunciones o con otras razones de gestión.

En domicilios particulares se certificó la muerte por test menos que en residencias (34%); muchos enfermos fueron derivados a hospitales; los fallecidos en domicilio fueron 2.478 (13.746 en residencias).

En resumen: Proporción de defunciones con virus identificado respecto del total de fallecidos por covid-19:

  • Mayor proporción en hombres que en mujeres.
  • En edades avanzadas, menor proporción de defunciones certificadas con test.
  • Más de la mitad de muertes en residencias fue certificada por síntomas del enfermo, no por test.
  • Disparidades en la gestión según comunidades autónomas.
  • El indicador (proporción de defunciones con virus identificado) aporta otra perspectiva de la gestión de la pandemia en su primera ola de marzo-mayo de 2020.

 

NOTAS

(1) Cifras totales de la pandemia, primera ola, marzo-mayo de 2020.

(2) INE: Nota de Prensa . Véanse las definiciones: ECDC: Definition case for coronavirus disease. WHO: Covid-19 coding in ICD-10.

(3) Del Pino, E. et al.: Covid-19 y residencias ¿Qué se puede hacer mejor? .

(4) En el Certificado de defunción se incluye un apartado sobre lugar de ocurrencia del fallecimiento: domicilio particular, centro hospitalario, residencia socio-sanitaria, lugar de trabajo, otro lugar. La categoría residencia incluye todo tipo de residencias (mayores, discapacidad, etc.) pero la mayor parte de la población en esta categoría corresponde a residencias de personas mayores. Las tabulaciones del INE señalan como lugares de ocurrencia de la muerte: centros hospitalarios, domicilio particular, residencias sociosanitarias, otros lugares y no consta.

(5) Canarias tiene la proporción más baja, pero sólo registra cuatro muertes en residencias.

(6) Existe discrepancia entre estos datos INE con otros publicados por medios de comunicación que toman como fuente las consejerías de sanidad de las CCAA.

 

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