La mano de obra del sector público envejece a un fuerte ritmo. Un nuevo desafío

La mano de obra  del sector público envejece a un fuerte ritmo. Un nuevo desafío

Antonio Abellán García. Departamento de Población, CSIC.  Rogelio Pujol Rodríguez. Instituto Nacional de Estadística.

En España hay 19,3 millones de ocupados (2018).  Los sectores o ramas de actividad con mayor número son el comercio, la industria manufacturera, la hostelería y otras tres ramas donde el empleo público es muy importante: actividades sanitarias y servicios sociales, educación y Administración pública (Figura 1). Existen 3,1 millones de asalariados del sector público, 13,1 del privado, y 3,1 de trabajadores por cuenta propia. Los empleados públicos se incluyen en las ramas de Administración pública (1,3 millones) y el resto en las de actividades sanitarias, sociales y educación (y una parte inapreciable en otros sectores)  (INE: EPA, media anual de los cuatro trimestres de 2018).

En los últimos diez años se ha producido un envejecimiento general de esta masa laboral. La edad media del conjunto se sitúa ahora en 43,4 años; era 40,0 diez años antes. Pero llama la atención el fuerte envejecimiento de la rama de actividad Administración pública: 47,1 años (Figura 2). Este sector incluye la administración del estado en sus diferentes niveles, la prestación de servicios (defensa, seguridad, justicia, etc.) y empleos de la Seguridad Social. Las ramas de actividad de educación y actividades sanitarias y sociales están más envejecidas que la media nacional; en la sanitaria se incluyen actividades hospitalarias, médicas, residencias y servicios sociales de atención. La edad predominante en el empleo del sector público se sitúa entre los 50-54 años, mientras que la del sector privado entre los 40-44 años.

La principal causa de este envejecimiento es el avance de la onda del baby boom que eleva la edad media de la población en general, y de prácticamente  todos los sectores de actividad económica (Figura 3). (NOTA: consideramos que el baby boom español se sitúa entre 1958 y 1977, 20 años, en los cuales los nacimientos superaron los 650.000 efectivos anuales, nacieron 14 millones de niños, 4,5 millones más que en los 20 años siguientes y 2,5 más que en los 20 años anteriores; estos grupos, que ahora están en el centro de la pirámide de población, recogen también el grueso de la población inmigrante de las últimas décadas cuyas edades coinciden, aproximadamente y con algo de retraso, con las del baby boom español).

Existe una causa coyuntural de este proceso de envejecimiento, no menos importante. La crisis económica de 2008 introduce cambios en la dinámica general del proceso al expulsar mucha mano de obra, especialmente en edades jóvenes. Algunos sectores han envejecido más rápido, por ejemplo, la construcción, que pasa en diez años de 38,6 a 44,2 años de edad media, por un menor peso de la mano de obra joven; son los jóvenes los que han sufrido más las consecuencias de la crisis.

Ésta también hace subir la edad media de los empleados públicos por la falta de convocatorias para dotación, renovación y rejuvenecimiento de plantillas, y por la no salida de efectivos por jubilación anticipada, estrategia ésta que ha sido utilizada en el sector privado. Aunque el proceso de envejecimiento ha sido menor en educación y actividades sanitarias y de los servicios sociales, las tres ramas de actividad ya tenían elevadas edades medias en 2008, por encima de la media total (ver Figura 2).

El envejecimiento de la masa laboral en su conjunto o de una rama de actividad concreta no sólo puede ser un problema individual, sino que, y sobre todo, se convierte en un problema general por las características de la organización de la actividad, o por razones materiales de la propia ocupación, de los cometidos del puesto de trabajo. El envejecimiento puede hacer disminuir la productividad, dependiendo de sectores de actividad y de las características del trabajo. También puede contribuir a una escasez de personal tecnológicamente más cualificado. Puede afectar a la transmisión del conocimiento y del saber hacer desde unos trabajadores ya mayores hacia otros más jóvenes, escasos o inexistentes.

Las desventajas ocasionadas por este envejecimiento en las características de la organización son acumulativas y acaban teniendo efectos sobre la salud de los trabajadores, su grado de satisfacción y motivación en el trabajo, y obviamente sobre el resultado final de su actividad.

Los efectos del envejecimiento de la mano de obra del sector público se han acentuado en estos años de crisis y se plasman en un riesgo de deterioro de la organización y de los servicios. Las estrategias de rejuvenecimiento de este sector representan un nuevo desafío que añadir a la agenda de los políticos.

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