COVID-19 y efecto en la esperanza de vida

COVID-19 y efecto en la esperanza de vida

Nota temprana con una simulación sobre cómo repercutiría la sobremortalidad ocasionada por el coronavirus en la esperanza de vida en España.

Véase la Nota complementaria: Sobremortalidad masculina por COVID-19

Nota actualizada el 26-4-2020, con datos de mortalidad por COVID-19 a 25-4-2020; añadido el riesgo de muerte, 3-5-2020).

Antonio Abellán García, Departamento de Población, CSIC

Rogelio Pujol Rodríguez, Instituto Nacional de Estadística.

 

Planteamiento

La esperanza de vida (EV) es el número medio de años que a un individuo le queda por vivir considerando las tasas de mortalidad de cada edad que se observan en  un periodo analizado. Su objetivo es describir el comportamiento coyuntural de la mortalidad de la población residente de cada sexo en un territorio y momento dado.

Entre marzo-abril de 2020 se ha producido un brote epidémico en España causado por un coronavirus (cuyo nombre oficial es SARS-CoV-2, descubierto en diciembre de 2019 en China). Éste  provoca la enfermedad llamada COVID-19 (acrónimo de Coronavirus Disease 2019). Desde su lugar de origen el coronavirus se ha extendido a otras partes del mundo, convirtiendo la enfermedad en una pandemia, declarada como tal por la Organización Mundial de la Salud el 11 de marzo de 2020.  En el momento de la publicación de esta Nota aún no se conoce la duración del brote, ni los enfermos afectados, ni la mortalidad final provocada por esta infección, pero se observa un aumento considerable de la mortalidad en España, que tendrá impacto en la EV de las tablas de mortalidad que se calculen con referencia 2020.

La EV en España figura entre las más altas de Europa y del mundo (83,5 años esperados de vida al nacer en 2018; 80,7 en hombres y 86,3 en mujeres, según últimos datos de Eurostat (1)).  En alguna proyección  se estima que seguiría en cabeza de este ranking hacia 2040 (2).  Esto transmite una sensación de seguridad a la población y se toma como exponente o manifestación de una conjunción de muchos  factores que podríamos resumir en uno: progreso social.

La seguridad que transmitía una elevada EV puede debilitarse si las consecuencias de la sobremortalidad por esta enfermedad fuesen muy acusadas, o fuesen más acusadas en España que en el resto de países que forman el grupo con EV más altas del mundo (España, Suiza, Japón, Francia, Italia, Canadá, Corea del Sur, etc.; OMS, 2019 (3)). Esto no se conocerá hasta que existan datos definitivos, y que previsiblemente llegarán después de un año. La alta EV se había convertido en un emblema para  España.

Esta Nota temprana y rápida pretende realizar una simulación de cómo repercutiría la sobremortalidad ocasionada por la enfermedad COVID-19 en la esperanza de vida de la población residente en España. Tiene como objetivo ofrecer información sobre el comportamiento de su EV por edad y sexo, ocasionado por esa sobremortalidad y concienciar a la gente de la necesidad de persistir en las medidas de distanciamiento social que se han demostrado eficaces en la contención de los contagios, de la enfermedad y de los fallecimientos. Conviene señalar que los datos de mortalidad  con los que se construye esta simulación son incompletos (4),  por lo que los resultados son provisionales (5).

Para este ejercicio de simulación se procede a “trasladar” la mortalidad provocada por el brote infeccioso de marzo-abril de 2020, considerada como un extra o sobremortalidad, al escenario de 2018, año donde nos encontramos  con suficientes datos (población y defunciones por edad) para la construcción de una tabla de mortalidad. Se calcula una primera tabla con las defunciones de 2018, y una segunda con las mismas defunciones, pero adicionadas con la sobremortalidad provocada por el coronavirus de este brote de COVID-19, cuando se ha superado el pico de máxima mortalidad (datos de fallecidos a 25-4-2020); también se ha seleccionado esta fecha pues se observa un cambio en el exceso de mortalidad registrado en el Sistema de monitarización de la mortalidad diaria (MOMO): las defunciones observadas se acercan a las estimadas (tras un período de exceso de 11 de marzo-25 de abril, 2020). Se comparan ambas tablas para ver la pérdida en EV del segundo escenario, el de la simulación, el que correspondería a las tablas de mortalidad de 2020, teniendo en cuenta las salvedades citadas.

Por tanto, como decíamos arriba, esta simulación recoge el comportamiento coyuntural de la mortalidad de la población en este momento dado, el de la pandemia de COVID-19, 2020, y no condiciona el comportamiento de la mortalidad en 2021 y años siguientes. De acuerdo a cómo se desarrolle la enfermedad y fluya la información oficial, se procederá a la actualización de datos de este ejercicio. Se apuntan más abajo una serie de observaciones sobre el procedimiento utilizado.

 

Resultados.

El ejercicio de simulación arroja una pérdida de EV a 0 años  de -0,7 puntos para hombres y -0,5 para mujeres. A los 65 años la pérdida es de -0,5 y -0,4 respectivamente (Tabla 1); esto equivale a la pérdida de medio año de expectativa de vida en el caso de los hombres a esa edad. La magnitud de la pérdida no se conocerá lógicamente hasta el final del brote de la enfermedad.

 

 

En la figura 1 representamos los valores de la pérdida de EV en proporción respecto a los valores normales (pérdida relativa) de cada edad, para resaltar más claramente en qué edades es mayor y cuál es la diferencia hombres-mujeres.

 

La pérdida de esperanza de vida se centra en las personas mayores con fuerte diferenciación con el resto de la población. Y llama asimismo la atención el diferente comportamiento ante la muerte según sexo: la pérdida  de EV en los hombres de edad es muy superior, a la pérdida en mujeres. Esta desigualdad entre sexos es un poco más amplia en las edades 60-79 años.

Las diferencias entre ambos sexos en las tasas de mortalidad por COVID-19 son también más altas a esas edades (datos no presentados), con una sobremortalidad masculina sobre la femenina bastante mayor que la ya habitual, tanto si la comparamos con el patrón de tasas por causa de neumonía, como de cualquier enfermedad respiratoria, como de todas las causas (Véase Nota “Sobremortalidad masculina por COVID-19“); esta diferencia es especialmente notable en el grupo de edad 70-74. Pero los datos de fallecidos ofrecidos pueden necesitar una revisión; hay datos faltantes. Los datos finales podrían modificar estos primeros hallazgos.

Otro efecto de esta sobremortalidad puede apreciarse mediante la función de probabilidad o riesgo de muerte, que es la probabilidad de morir a una edad determinada de quien haya sobrevivido hasta dicha edad. Como consecuencia de la pandemia ha aumentado este riesgo, aunque más en los hombres que en las mujeres (Figura 2). En el ejercicio de simulación realizado, los hombres que alcanzan el grupo de edad 80-84 tienen ahora una probabilidad de morir del 30%.

 

Una vez superado el brote de la enfermedad, se espera que la EV se recupere, y la nueva tabla de 2021 ya no registrará la citada sobremortalidad ni esas pérdidas en EV, y volverá a recoger las condiciones de mortalidad habituales. Por ello, España continuará en el grupo de países con mayor esperanza de vida del mundo.

 

–oo0oo—

 

Actualizaciones de este post, de fecha 6-4-2020, el 14-4-2020, 26-4-2020 y 3-5-2020. Advertida errata en Tabla 1 (a 11-4-2020), con signo “-” faltante (en %); no modificó valor absoluto ni figura.

 

Referencias bibliográficas:

(1)Eurostat: Life table [demo_mlifetable], 2018, update 24-2-2020.

(2) Foreman KJ (et al.) Forecasting life expectancy, years of life lost, and all-cause and cause-specific mortality for 250 causes of death: reference and alternative scenarios for 2016–40 for 195 countries and territories using data from the Global Burden of Disease Study 2016. The Lancet. 16 October 2018. doi:10.1016/S0140-6736(18)31694-5.

(3) OMS/WHO: Global Health Observatory Data Repository: Life expectancy – Data by country. 209.

(4) Ministerio de Sanidad: Actualizaciones diarias del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, del Ministerio de Sanidad.

(5) Una epidemia en la que todas las cifras son una incógnita. El País, 3-4-2020.

(6) INE: Cifras de población. Resultados

(7)  Comunicado del CGCOM sobre las Certificaciones de Defunción en general y en los casos con Covid-19

(8) INE: Defunciones según la causa de muerte. Metodología.

 

Observaciones.

1) Para la confección de tablas de mortalidad de esta simulación se toma la población, por sexo y edad, a 1 de julio de 2018 (6). Se utilizan las defunciones de ese mismo año, últimas cifras disponibles en el INE. Para la construcción de tablas de mortalidad que incluyese el brote infeccioso de invierno-primavera de 2020, se necesitaría la población de España y el total de defunciones de este momento, que no estarán disponibles en al menos un año. Por ello se ha procedido a “trasladar” la mortalidad provocada por el brote infeccioso, considerada como un extra o sobremortalidad, al escenario de 2018, donde nos encontramos con suficientes datos para la construcción de una tabla de mortalidad. Esta es la primera, y muy importante salvedad de nuestro procedimiento.

2) La EV se calcula con las condiciones de mortalidad del año de referencia. Pero estas pueden cambiar, a mejor o peor, en los años siguientes, por lo que los años por vivir (vida restante) a cada edad pueden ser diferentes a  los señalados en el  indicador de EV, dado que en la simulación hemos “trasladado” la mortalidad extra por coronavirus a la tabla de 2018. Las condiciones futuras de mortalidad podrían cambiar uno u otro escenario.

3) Con los mismos datos de mortalidad por COVID-19, si cambia la población de España en este período de brote de la enfermedad, y su estructura por edad también cambia (aunque muy  ligeramente), los resultados serían diferentes a los ofrecidos. Indudablemente la población total de España en 2020 será previsiblemente algo superior a la de 2018, fecha de nuestra simulación, lo que llevaría a reducir ligeramente la pérdida de EV calculada. El envejecimiento (mayor proporción de personas de más edad en el conjunto de los ya viejos) también puede ser ligeramente superior, y haberse producido un sobre-envejecimiento (envejecimiento de los ya viejos) con grupos de edad elevados mayores que los de 2018. Ello daría resultados en la EV algo diferentes, posiblemente reduciendo la pérdida de EV estimada en la simulación.

4) Se utilizan datos de defunciones por este coronavirus cuando los datos finales de mortalidad por esta enfermedad y otras enfermedades de sintomatología similar, aún no están depurados, como hemos dicho más arriba.

5) Para el reparto de los datos de mortalidad por coronavirus en grupos de 5-5 años, que el Ministerio de Sanidad ofrece agrupados en 10-10 años, se toma como patrón de mortalidad por edad el conjunto de las enfermedades respiratorias, pues su distribución se asemeja a la mortalidad causada por el coronavirus. Con otro patrón de reparto podrían variar ligeramente los resultados.

6) Se utiliza la tabla abreviada por grupos de edad 5-5 años. Si se utilizase la tabla completa 1-1 años hasta 95+, los resultados podrían modificarse ligeramente. Por otro lado, en esta nota se ha utilizado los valores 0,1 y 0,4 como coeficiente de reparto de las defunciones ocurridas en niños de edad entre 0 y 1 años, y entre 1 y 4 años, respectivamente. Tomar estos valores u otros puede alterar los resultados comparados con otras tablas de mortalidad, como las del INE, Eurostat o Human Mortality Database.

7) Los datos de mortalidad por coronavirus son incompletos a mitad del brote de COVID-19. Los datos finales podrían modificar nuestros resultados.

8) Aún no se ha procedido a la clasificación definitiva de estas defunciones. Hay fallecidos que dieron positivo en el test que señalaba la existencia en el enfermo del coronavirus.  Pero con los mismos síntomas hay fallecidos a los que no se les realizó el test.

9) Muchos de los fallecidos con presencia del coronavirus en su cuerpo tenían patologías previas (a veces graves). La clasificación final (dentro de unos meses) decidirá la causa básica, inicial o fundamental de la muerte, que es la que recoge la estadística Defunciones según la causa de muerte (INE). Pero existen circunstancias en las que por razones epidemiológicas la causa básica no es la causa informada como inicial o fundamental, sino otra informada en el certificado de defunción. Tras estudio de casos se clasificarán las defunciones (Véase  directrices especificadas por el Ministerio de Sanidad a través del Comunicado de 28 de marzo de 2020 del GCCOM sobre las Certificaciones de Defunción en general y en los casos con Covid-19, en el que se instaba al personal médico y forense a certificar estas defunciones incluyendo el Covid-19 (con virus especificado o no) dentro de la causa básica o inicial (7). Y también INE: Defunciones según la causa de muerte. Metodología (8)). Esto podría modificar nuestros resultados. Es posible que muchos de los que habitualmente engrosarían el capítulo de fallecidos por gripe o neumonía habitual, estacional, en un año normal, hayan fallecido por coronavirus; esto obliga a esperar la cifra total de fallecidos y su clasificación para conocer si una causa (coronavirus, capítulo I-Enfermedades infecciosas) o la otra (gripe o neumonía, capítulo X-Enfermedades respiratorias), y el balanceo entre ellas, motiva una atenuación de la pérdida de EV calculada.

10) Los datos oficiales no ofrecen el detalle deseado en este momento (25-4-2020) pero no existe otra alternativa para esta Nota  temprana. Estos datos, procedentes de las Actualizaciones diarias del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, del Ministerio de Sanidad, pueden tener subregistro. En primer lugar, sólo una parte de los registros de fallecidos declarados tienen datos de edad y sexo, lo que  obliga a una “elevación” de esos datos al total de fallecidos, multiplicando por un factor de elevación (que relaciona los datos totales y los datos con detalle).  Esto podría alterar nuestros cálculos. También puede haber subregistro de fallecidos en residencias a los que no se les pasó el test del coronavirus. Esto podría aumentar la pérdida de EV calculada.

11) Si la distribución en detalle por grupos de edad, dentro de las personas mayores, fuese en realidad más parecida a la distribución de la mortalidad por neumonía ya conocida (2018), la pérdida calculada en EV sería menor, pues se observa un subregistro de mortalidad por coronavirus en personas de 80+ (comparada con los de 80+ fallecidos por neumonía u otras enfermedades respiratorias en 2018), y un sobre-registro de fallecidos de 70-79 años por coronavirus respecto de los fallecidos por neumonía/otras respiratorias de la misma edad.

12) Las medidas adoptadas por el Gobierno (declaración del Estado de Alarma, desde el 14-3-2020) para evitar la expansión de la enfermedad, pueden alterar comportamientos (estado psicosocial), hábitos en la actividad social y también en la económica, y pueden por tanto reducir las consecuencias negativas de esta actividad u otras (accidentes laborales o de camino al trabajo, de tráfico viario o de actividades lúdicas u otros), por lo que la mortalidad habitual, por otras causas, podría verse alterada quizá a la baja, con lo que la pérdida esperada de EV sería menor.

13) Se utiliza indistintamente, como  licencia literaria, los términos coronavirus (una familia de virus) y COVID-19 (Coronavirus Disease 2019), que es la enfermedad infecciosa causada por el coronavirus descubierto recientemente, diciembre 2019 en China (cuyo nombre oficial es SARS-CoV-2), y que ha provocado una pandemia mundial.

 

 

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